Exitosa Presentacion grupo Aculla
El dia viernes 25 de Agosto se presento en el Auditorio de Lenguas el grupo Aculla, integrado por los estudiantes de cuarto año, Edgardo y Carla. Harto esfuerzo y -espera de meses debido a imponderables movilizacionales- hubo para concretar el ansiado momento.
Y la espera valio la pena, la presentacion fue un exito, el grupo sono muy bien y el publico estaba muy entusiasmado con sus interpretaciones del folckore nacional. Fue una tarde muy agradable para todos los presentes, quienes se quedaron con ganas de otra cancion mas.
Algunas fotos de la presentación:
Qué es eso a lo que llamamos folklore
La música folklórica de los pueblos es aquella que se mantiene por mucho tiempo dentro de las tradiciones orales de éstos, ya que es, por opinión implícita de la gente, la que expresa de mejor manera el sentir de una comunidad cultural: a diferencia de la música en general (la música “culta”), que se puede escribir y preservar “artificialmente” sólo por el interés de los compositores, la música folklórica se mantiene viva por su propia fuerza y poder para permitir que los hombres de una cultura expresen las emociones más importantes de la vida, ya que si no las expresa, las personas sencillamente no la cantan y la canción desaparece. De tal modo, podemos conocer un poco más de una cultura si conocemos sus canciones, fiel reflejo de la expresión de los sentimientos del pueblo que la produce y la preserva por mucho tiempo, porque encuentra en ellas la forma precisa de decir lo que quiere decir. El imperio inca transmitió algo de ese sentir colectivo a la cultura altiplánica, que, como en muchos otros aspectos de la vida, mantiene una emocionalidad sincrética, entre lo europeo y la herencia de aquellos que fueron sus padres también. La música andina, fiel reflejo de la expresión sentimental de muchos pueblos americanos, mantiene un componente fuerte de sentimiento antiguo, heredado gracias a la gran tradición musical inca, dueños de la música más evolucionada de América al momento de la llegada de los españoles. Y todavía sigue siendo esta música una forma de expresar los mismos sentimientos, ya no para los incas ni para los aborígenes andinos actuales solamente, sino para otras muchas personas que han encontrado en sus ritmos, sus sencillas melodías y sus inconfundibles instrumentos una vía para expresar lo mismo que expresaron otros hace mucho tiempo.
Qué sentido tiene hacer folklore hoy
Hemos hablado del folklore como una forma legítima de expresar la emocionalidad heredada, de sentir como siente nuestra cultura. Pero ¿cuál es nuestra cultura? Es consabido que nuestra época no es la misma de antes con respecto al sentido de pertenencia a una cultura: las comunicaciones, el imperio cultural europeo y norteamericano, la globalización del mercado, provocan la homogenización cultural a nivel mundial y a la vez la diferenciación tribal a nivel local: no hay nada que nos diferencie del resto del mundo ni nada que nos asimile entre nosotros: parece imposible la pertenencia. En efecto, todo esfuerzo por construir la tipificación del chileno nos resulta odioso porque de alguna u otra forma nos deja afuera: “¡chileno y no baila cueca!”, “somos como tontos pa’ la cazuela / somos como bala pa’ los asados”, “el chileno es bueno para la talla”. Entonces surge la pregunta ¿si no existe una identidad cultural común cómo se justifica hacer folklore? En primer lugar debemos aclarar: el hacer folklore no implica necesariamente un concepto fetichista de las tradiciones: el folklore no es positivo en sí mismo, tampoco es bueno o representativo nuestro, precisamente porque ese “nuestro” es un signo vacío, que no remite a nadie, a ninguna cultura relativamente homogénea. El hacer folklore hoy no debería ser para nosotros una imposición arqueológica de respeto a nuestras tradiciones, porque poco existen tales tradiciones; no es de ese modo que llega el folklore a nosotros: los pueblos no han considerado que las tradiciones musicales son buenas de por sí y por eso deben mantenerse; al contrario, aquellas que eran buenas para expresar lo que los antiguos deseaban expresar es lo que se mantiene; ser tradicional no hace bueno el folklore, sino que lo bueno para algunos se transforma en tradicional. No tenemos la obligación de sentir como esos algunos, no tenemos la obligación de emocionarnos a través de la música tradicional, pero eso, lejos de restarle importancia, la dota de un mérito: nadie nos obliga, no sentimos homogéneamente todos los chilenos o los latinoamericanos, no representa esta música a nuestra cultura… y sin embargo todavía está aquí ¿por qué? Es volver a la misma pregunta que nos hemos hecho al principio. Tal vez esté todavía acompañándonos “por culpa” de algunos empeñados en mantener nuestras tradiciones; podemos pensar eso. Sin embargo lo oculto bajo esa voluntad de preservar las tradiciones es lo mismo que llevó a otros a mantenerlas sin la presión del derrumbe de su cultura: la simple identificación, el “gusto”, la utilidad de las canciones de las que se sirvieron otros muchos en el pasado para expresar lo mismo que todavía sigue inquietándonos: la vida, Dios, el amor, la muerte… Lo que nos autoriza a hacer folklore todavía hoy es que después de tantos años, estando ahora sin un espíritu colectivo nacional del que nos sintamos parte de manera absoluta, de todos modos aún ciertas canciones, ciertos ritmos, ciertas melodías, ciertos metros, ciertas sonoridades de instrumentos nos permiten expresarnos, no como antiguos, sino como actuales: hacer folklore todavía es válido porque cuando resucitamos una pieza tradicional no solamente desenterramos algo del pasado, no retrocedemos al tiempo de la pieza, sino que traemos esa música hasta nosotros y la actualizamos; no porque debamos ni porque pertenecemos a una raza o nación, sino porque esa pieza tiene un poder que la cultura en donde nació ya había descubierto: servía para decir lo que preocupaba no al inca ni al chileno, sino al ser humano común a todos los pueblos.
Edgardo Cifuentes


